Cómo aprende un cuerpo a ser observado

Descubrí hace algunos meses que ciertas habitaciones no están nunca completamente vacías.

Al principio fue apenas una sospecha.

Una sensación leve.

Como cuando una mujer corrige la postura sin saber exactamente por qué.

Después comenzaron los pequeños cambios:

la elección de una tela más suave,

una lámpara encendida demasiado tarde,

el hábito de leer sin prisa antes de dormir.

Hay libros que exigen silencio.

Y hay silencios que exigen un cuerpo.

He aprendido que la lectura también puede parecer una forma de desnudez.

Una mujer sola, descalza, inclinada sobre una página…

puede convertirse en una escena.

A veces me pregunto cuánto cambia un cuerpo cuando sospecha que alguien podría mirarlo.

No por miedo.

Por conciencia.

Tal vez todas las mujeres terminan aprendiendo iluminación.

— Madame Perle

Deja un comentario